Si se toma como centro de la educación la capacidad de enfrentar las dificultades de la vida, uno entonces no tendrá que preocuparse por si sus hijos se conducirán o no en forma apropiada. Esto sucederá con mucha naturalidad. El retoño de la flor estará teñido con los colores de la verdadera misericordia. Pero como los hijos son reflejo fiel de sus padres, si el comportamiento de la madre está dominado por el egoísmo, su hijo tenderá a ser desconfiado y receloso. Los niños observan cuidadosamente las acciones de su madre. La mujer que hace lo correcto y trata a los demás con sinceridad y confianza podrá criar hijos estables y rebosantes de creatividad.

–”La Familia Creativa” p.92