• Revalorizar la importancia del desayuno.
• Mantener la regularidad en las comidas: de una buena regularidad en las comidas depende el buen tránsito intestinal y la buena asimilación de los alimentos.
• Reducir el consumo de bebidas azucaradas.
• No abusar de los productos de charcutería.
• No abusar de la sal.
No debemos olvidad que comer es un hábito social. El ambiente es importante, y la comida debe ser una reunión agradable y distendida, en un lugar donde se pueda hablar y relacionarnos. Los alimentos deben presentarse de forma atractiva y variada, teniendo en cuenta los gustos del niño. Si nuestro pequeño no quiere la comida, no nos enfadaremos ( el método del “tiempo aparte” sigue siendo muy útil); tras un tiempo prudencial, retiraremos el plato y no le ofrecemos nada hasta la siguiente comida. Hay que mantener, asimismo, un ritual de horarios y un espacio fijo para comer, aunque sin ser rígidos. A veces los cambios son divertido para el niño, pero lo importante es comer en familia.

–“Pediatría con sentido común” p. 154